«Tierra vencida», de Ann Pancake: la Steinbeck de los Apalaches

Los habitantes de las montañas de Virginia hace tiempo que perdieron la batalla. Continúan padeciendo inundaciones y sequías, de vez en cuando incendian sus casas para cobrar el dinero del seguro, mueren desproporcionadamente en guerras lejanas y en accidentes de coche, beben más de la cuenta, se hacen daño con bastante frecuencia, lidian desde que se levantan con un asfixiante sentimiento de pérdida.

Hace unos años Alan Heathcock confesó cómo escribe un relato y cómo encontró el camino hacia sus principios personales a la hora de escribir: creación de personajes con defectos específicos que expongan su interpretación del mundo con la mayor claridad posible; hacerles sufrir y pasar por situaciones límites, pero sin que lleguen a perder su humanidad y sin que sean ignorantes, que a pesar de cambios, de defectos, la lucha personal que llevan a las espaldas, comprendan alguna verdad del mundo, de lo que les rodea, que te hagan enfadar o llorar por comprenderlos y vivir con ellos esas situaciones. Básicamente, Heathcock (otro autor publicado por la misma Dirty Works Editorial) ha expuesto varios puntos que le vienen genial a Ann Pancake: capaz de comunicar a través de los sentidos, de los sentimientos, de los aromas y las texturas de lo que se impregna en las páginas; comunicar por imágenes de tu pensamiento mediante tramas duras o dramáticas, y otras más cotidianas. En cada escena la autora se ocupa de ponerte en terreno desconocido, misterioso y peligroso con una invención atmosférica exacta y verdadera a la realidad de la América profunda y sus desencantos. El arte de hacer que el lector tenga que forzarse un poco por entender y comprender qué acaba de leer y profundizar en las entrañas de un estilo narrativo que acaba en empatía.

Tierra vencida, un viaje por las montañas de Virginia Occidental y el territorio de los Apalaches

Ann Pancake recoge doce relatos en Tierra vencida, una antología que teje en torno a los habitantes que padecen multitud de problemas: sequías, inundaciones, incendios de casas o muertes en guerras; algunos beben más de lo que el cuerpo les aguanta, otros tienen accidentes de coche y lidian con la vida desde que se despiertan con un asfixiante sentimiento de pérdida y soledad. Tierra vencida es un viaje por las montañas de Virginia Occidental y el territorio de los Apalaches donde la representación de una sociedad white trash —también redneck— dejará una ambientación socialmente despreciable, de clase baja carente de comportamiento y educación con unos estándares morales y éticos que dejan mucho que desear, pero que sin ir más lejos representa a la perfección cómo son esos pequeños pueblos rurales olvidados e ignorados, o cómo se siente mucha gente al vivir en un mundo racial y de burla, de desgastada esperanza y una cruda realidad que te obliga a ser una poor white trash.

En Tierra vencida Ann Pancake busca redescubrir las realidades más oscuras y duras de la vida para reivindicar esa parte social que muchos ignoramos. Cada relato está lleno de vivencias y aprendizaje que mostrarán que la autora escribe por amor a su tierra y sus gentes, y también por el desasosiego hacia la explotación laboral y la destrucción medioambiental que, por desgracia, no solo se vive en esas zonas, pero es en estos núcleos urbanos donde menos se entiende y más se ridiculiza a las familias en los Estados Unidos, además de ser el estado más triste y pobre.

En esta antología de relatos aún resisten las trincheras y los fantasmas de la Guerra de la Secesión, los yankis que saquean las granjas y un territorio que ha sobrevivido a las Guerras Indias y que aguanta como puede las revueltas mineras de principios de siglo XX y una desindustrialización que destroza a los habitantes: graves problemas de adicción, suicidio o vandalismo. Tierra vencida se las idea para mostrar una redacción cargada de lirismo, rozando lo poético, que rompe con los estereotipos y demuestra que muchas cualidades de los personajes deberían ser un ejemplo para muchos. Ann Pancake no se conforma con solo relatar las preocupaciones regionales, por lo que las lleva más allá, cruzando el límite y el alma de cada uno de los personajes que conforman estos relatos para enfatizar su voz (la de ellos) en un habla coloquial y estructura sintáctica nada habitual, de diálogos encubiertos en comillas sin intercambio de palabras, dejando claro que aquí la trama es secundaria, y que lo importante es cómo usar el lenguaje y el conjunto de palabras para que afecte y llegue lo más hondo posible esta lectura.

La narrativa de Ann Pancake tiene una estructura de diálogo y de oración muy poco habitual, que se preocupa más por enfatizar la voz y los sentidos en vez de una trama elaborada. Más allá de las preocupaciones sociales tenemos la separación del entorno rural del resto de la sociedad, mayoritariamente destinados a la pobreza; tratamos la maternidad a edades cortas, el hambre, y la conexión con la naturaleza, cómo la violencia se abre paso cuanta más negrura te rodea. Desde el abuso doméstico, pasando por la Guerra de Vietnam y desembocando en una crisis ecológica, Ann Pancake metaforiza el abandono, los traumas infantiles provocados por las figuras paternas y el entorno, el aislamiento y el sufrimiento que causa un abandono no solo social si no también económico, la destrucción que causa la extracción y explotación de recursos naturales. Las tierras vencidas siempre fueron un territorio amenazado e ignorado.


«Ella nace en la hierba alta, entre esos manzanos que parecen ancianos tullidos que se han parado a mirar, y los bichos se entregan a un intenso asedio en cuanto ella llega».

«Es la época en la que sobre todo son blancos los que trabajan en el manzanar, unos cuantos puertorriqueños para las tareas más sucias y ni un solo negro […] aunque la niña crezca del color del óxido, como el resto».

Extracto del relato Hierba alta

Traducción de Javier Lucini
Dirty Works, 2019
Diseño de Nacho Reig
Ilustración de cubierta de Antonio Jesús Moreno «El Ciento»
Maquetación y corrección del texto de Marga Suárez