«Sostener el cielo», de Cixin Liu: dilatando el espacio-tiempo

Esta antología de relatos nos ofrece una mirada hacia un paisaje de ciencia ficción al que se ha visto en los últimos años: extraña, liberada, y exuberante.

Este libro recopila once historias de Cixin Liu, siendo la mayoría ya existentes hace más de diez años. La ciencia ficción ha tenido una presencia bastante marginal y se ha tratado de rara en el país Asiático, sin apenas repercusión. Últimamente se repite mucho aquello de «¿qué es la ciencia ficción china» o «esto es ciencia ficción china», sobre todo tras las antologías de relatos reunidas por Ken Liu.

Sostener el cielo es una recopilación de relatos escritos entre 1997 y 2017 y ofrece los grandes cambios que ha ido viviendo la humanidad a lo largo de décadas, así como un viaje por el espacio y el tiempo que te agarra de la mano con dulzura para mostrarte la mayor de las esperanzas, o también para soltártela en medio del vacío estelar.

Sobre la esperanza y la importancia de creer

Tras leer el prólogo del mismo Cixin Liu nos topamos con el primer relato, El maestro de la aldea, donde tenemos una aventura galáctica que se mezcla con el protagonismo de una vieja escuela de un poblado bastante nefasto. Con la aparición de una raza alienígena que se dedica a surcar todos los lugares de la galaxia buscando un coeficiente apto para perdurar en el tiempo con el resto de los mundos, confluye esa línea narrativa con la del maestro, que busca los fondos suficientes para restaurar la escuela donde él creció y poder seguir transmitiendo sus enseñanzas y demostrar que los humanos somos algo más que meros maniquíes en el espacio. La raza alienígena —y aquí te planteas si la narrativa tirará por la destrucción o por la sorpresa…— observa a la aldea y manda órdenes para hacer un test rápido a un grupo de niños que parecen sentir miedo y angustia por algún motivo que desconocen. Uno de los que pilotan la nave se queda asombrado por el mero hecho de que unos niños conocen, y parece que entiendan, conceptos de física, por lo que confiesa que llevan mucho tiempo destruyendo otros planetas y que, quizá, la Tierra se merecía una oportunidad más, pues ese grupo de niños le han hecho sentir esperanza por otra raza, y siente el ímpetu por resistir y empatizar tras largo tiempo sin removérsele nada de dentro.

Migración en el tiempo, segundo relato de esta antología, nos pone en el punto de mira a un embajador que busca una Tierra reiniciada para poder hacer que la raza humana vuelva a reproducirse, pues la Tierra de su tiempo está sin recursos, sin océanos. Pero su mayor sorpresa será cómo, en unos pocos años, a la poca humanidad restante del futuro solo le importa la tecnología y ya no ven preciso perder el tiempo en la educación ni en los libros ni en el conocimiento. Gracias a un pen podrán pasarse toda la información década tras década, y el embajador, aterrado con este descubrimiento, decide viajar más al futuro, y más, y más… hasta que comprende que la mente humana ha sido corrompida por la tecnología y que no es esa la vida que quiere para empezar de cero. Guerras, ordenadores cuánticos, mentes conectadas a una red, ningún signo de vida física, un mundo ficticio.

Estos dos relatos se complementan a la perfección, de hecho, podrían ser una misma historia en la misma línea temporal pero en diferentes puntos del mundo. Mientras que El maestro de la aldea nos transmite la importancia de la educación para pervivir, Migración en el tiempo nos coloca en un «¿y si nos olvidásemos de la inteligencia y el aprendizaje, de lo verdaderamente importante…?», para remitir, para dejar claro que tenemos que seguir evolucionando y aprendiendo, pero sin dejar en el olvido lo que realmente nos da la vida: la tierra, el aire, el agua, no dejarnos engatusar por máquinas porque podríamos acabar en una hecatombe.

En Espejo conocemos al pintor Wu Bin y su cuadro Vista maravillosa de riscos y barrancos.

1 de abril de 2018: bienvenida/o a la vida eterna. Tienes la sensación de que tu vida se agota cada vez más rápido. La vida te tiene agotada y aburrida; solo quieres escapar de tu pésima rutina y huir a un futuro mejor. La extensión de vida genética se ha logrado, y consiste en eliminar aquellos segmentos genéticos que aceleran tu reloj biológico, con el fin de aumentar la esperanza de vida hasta los trescientos años. Jianjian prefiere la hibernación, otro invento biotecnológico en el que a una temperatura apta (aproximadamente de cincuenta grados bajo cero), unos medicamentos y un sistema de circulación extracorporal hace que la actividad metabólica se baje al 1%, por lo que dentro de cien años equivaldría a un año de envejecimiento. Entre dudas y más dudas, la voz cantante de esta corta historia se la lleva el director, exactamente en la última página: tener tiempo es tenerlo todo, el mundo cambia a un ritmo que da vértigo; muchísimas tentaciones, peligros o deseos que en conjunto pueden cohibir a cualquiera. Pero los tiempos siempre van a mejor, ¿no? Y quizá algún día no solo se pueda alcanzar la vida eterna, sino también poder hacer copias de seguridad de la memoria y la conciencia y meterlas en otra piel a conciencia —en las novelas de Richard Morgan (Carbono modificado (I/III) y Ángeles rotos (II/III), editorial Gigamesh) podéis ondear más sobre este tema—. A lo mejor ni siquiera necesitamos un cuerpo y podemos movernos por la red y jugar a ser dioses.

Fuego en la tierra: o cómo no tentar a la suerte. La Agencia de Minería está pasando por un mal momento. Los mineros llevan más de seis meses sin recibir su paga y se están manifestando. La industria minera está al borde de llegar a su fin, pero Liu Xin tiene un proyecto muy ambicioso que podría devolver la esperanza a los trabajadores y provocar la envidia de todos los continentes. Dos electrodos de ignición esperaban impacientes en el fondo de la cueva mientras se escucha una voz que suplica que no se libere al demonio de la tierra. El sol apenas es visible y las montañas se tornan brumosas, pero la ambición de Xin no parará, y llegados al punto en el que el carbón gasificado es una realidad, ya solo queda esperar al desastre erupcionado.

Contracción: prepárate para revolv la odasap. En el observatorio astronómico esperan a que de lugar un fenómeno jamás presenciado. El profesor Ding Yi explica en qué consiste esta contracción del planeta: basándose en la teoría del campo unificado, la cual creó él, hizo real el sueño de Einstein. Con un modelo matemático ejecutado en varios ordenadores vemos que el universo empezará a contraerse tras sus catorce mil millones de años expandiéndose. Ya sabes, sácate una pipa de fumar y espera a que llegue el fin.

Cixin Liu en New Scientist

Podría tirarme todo el día hablándoos de la antología, sobre todo porque aún quedan seis historias más, pero si hiciese eso, no le veo fin a esta entrada. Quedémonos con que Cixin Liu es el escritor más prolífico y más reconocido de la República Popular China, que ha ganado ocho veces el Galaxy Award (el premio Hugo de su país). Ha conseguido vender más de ocho millones de ejemplares en todo el mundo con su trilogía de Los tres cuerpos, y que Barack Obama o Mark Zucherberg reconozcan su obra y la recomienden continuamente. Cixin Liu pone a sus personajes frente al universo con una mirada de desesperanza, y esperanza, sublime. En conjunto, la obra es un sobresaliente, pero es que cada historia, por separado, es magnífica, ni les falta ni les sobra nada en las páginas.

Podríamos sostener el cielo con nuestras manos

La ciencia ficción es un género que nos abre la puerta hacia lo desconocido, al futuro, a posibles repercusiones de los actos de la raza humana y cómo se podría poner remedio a una Tierra futura muerta; la literatura no es china ni es europea ni es americana, simplemente es humana, y en lo de ser humana está claro que este género se lleva la victoria. Pero sí que hay rasgos a destacar según nacionalidad… Si algo tienen en común las historias en la ciencia ficción es su afán por plantear asuntos que implican al ser humano. Entra de lleno en crisis y desafíos planetarios, y ya no importa la etnia o la nación, sino la introducción, y la importancia, de la raza humana como jugadora en la Tierra, añadiendo matices de la tradición y cultura China al texto. La evolución del mundo, su metamorfosis, su renacer, siempre estará unida a la vida de la humanidad.

Las inspiraciones creativas del género en Asia están dictadas por los nuevos medios de transporte, el avance tecnológico, político y social que están teniendo lugar en los últimos años. Esto servirá para explorar el espacio, en qué consiste formar parte de una sociedad o qué uso se le puede dar a un nuevo invento. En Sostener el cielo Cixin Liu renace tras La era de la Supernova para convertirse en un narrador próspero, lleno de conocimiento y desarrollador de la China Moderna. El autor tiene un fondo histórico amplísimo con el que se enfrenta al pesimismo y el positivismo, con un buen arsenal de conceptos arraigados de la experiencia: la globalización o las guerras, la pérdida, la angustia… enseñando el terrible destino que se espera si no hay un plan de actuación. Podríamos sostener el cielo con nuestras manos, desde luego, y eso lo deja bien clarito en el desenlace de algunas historias.

¿Hacia dónde vamos?

Los escritores asiáticos, son, cuanto menos, expertos en remover emociones, en hacer que se nos remueva el alma y sentir cómo nos envuelven en sus delicadas, y crudas, descripciones, desde mundos oníricos y de ensueño a mundos totalmente destrozados y arruinados. Cixin Liu tiene un lenguaje descarnado y eficaz —grandilocuente, que diría Ken Liu— que expone mejor que nadie el mensaje universal de la ciencia ficción: la humanidad, en conjunto, tiene el poder del universo en sus manos, pero también la humillación del mismo. En sus relatos apunta hacia lo común y el aprendizaje, pero también lo hace en su ensayo El peor de todos los universos posibles y la mejor de todas las Tierras posibles, recogido en la antología de relatos Planetas invisibles (Runas, Alianza editorial, 2017), donde nos da un buen contexto del género y cómo entenderlo. ¿Hacia dónde vamos con todo esto? Resulta que el principal tema de este ensayo es mantener la esperanza de esforzarnos unidos por conseguir la mejor de las Tierras, y esa idea también está muy presente en Sostener el cielo. Así que solo queda poner nuestro granito de arena, y quizá tengamos tiempo de no acabar como el profesor, o en una habitación con nuestra cajetilla de cigarros mientras se acaba el mundo o en una barrera de frecuencias cuánticas.