«Lenguas maternas» y «La vida secreta de los bots»: antologías de los mejores relatos de fantasía y ciencia ficción

La editorial Gigamesh nos trae dos antologías que reúnen los mejores relatos publicados en 2017 y 2018, editados originalmente por Jonathan Straham.

La ciencia ficción es, probablemente, el género que más rápido evoluciona, que cambia, al ritmo de la época que le concierne. Cuantos más cambios sociales hay, cuando más nuevas expectativas del futuro aparecen, ahí está este género para abrirnos las puertas de la sabiduría. En los últimos años la ciencia ficción ha pasado por todas las artes, no solo en la literatura: podemos encontrar decenas de películas y series, varias antologías de relatos, novelas autoconclusivas o sagas; y hablar de la similitud entre realidad y ficción es cada vez más cotidiano.

Jonathan Strahan ha preparado estas dos colecciones de historias para el sello británico Solaris, recopiladas en sus The best science fiction and fantasy of the year. Básicamente el título nos propone lo mejor de lo mejor del género en textos cortos, nos expone el pulso scifi que está dominando a la lengua inglesa, y, desde hace unos años, a la lengua china y japonesa.

El año que murió Le Guin

En el primer volumen, La vida secreta de los bots, tenemos seis relatos acompañados de una ilustración acorde a la lectura, todas ellas creadas de la mano de artistas españoles. En el segundo volumen, Lenguas maternas, se repite la edición: edición en tapa dura, relatos con sus ilustraciones a juego de la mano de artistas españoles. En ambos tomos se aprecia la diversidad cultural de su elenco de autores, de modelos éticos, de reivindicación, del mestizaje entre cultura y arte. Y es que la renovación en los géneros de ciencia ficción y fantasía lleva años siendo necesaria. Desde la reivindicación a las cuestiones de género, hasta la necesidad de la unión de culturas. La autora Ursula K. Le Guin no solo destaca por sus buenas historias, sino también por abrir la puerta hacia el descubrimiento de nuevas fronteras sociales. El año que murió Le Guin se recuerda continuamente porque, de una manera u otra, dio voz, y ánimos, a otras autoras para seguir en la búsqueda de la igualdad y la esperanza, de conseguir soluciones ante todo lo que nos corrompe en estos tiempos.

Es aquí cuando Lenguas maternas y otros relatos entra de lleno en cuestiones femeninas que no terminan de entenderse del todo, o que se usan como una debilidad del género, o en miles de problemas mundiales: la inmigración, los daños de no comunicarse —o no poder hacerlo por cuestión de idioma—, la familia y su daño irreparable, o cómo no se debería de afrontar el dolor. Es con Intervención, un relato de Kelly Robson, donde se ve cómo la maternidad ha conseguido llevar a más la vista negra: en un futuro próximo la humanidad ha evolucionado —cómo no…—, pero donde se dice que cuidar hijos es una pérdida de tiempo, al igual que todo el proceso por el que pasa una mujer en la maternidad.

Sin duda de lo mejor que hay en esta antología son los dos últimos relatos. De Simone Heller leemos Cuando no había estrellas, relato finalista del premio Hugo, un texto post apocalíptico donde sus habitantes viven en campamentos, se cuentan historias de antaño, y creen en los fantasmas. Una exploradora descubrirá una misteriosa cúpula oculta. Relato que no solo habla de la supervivencia, sino que también deja un atisbo de positivismo.

Con el relato Widdam, de Vandana Singh, tenemos un recorrido por el nacimiento de un nuevo mundo, con retales del pasado, que desemboca en la vagancia, en la destrucción de las llanuras, en mares contaminados o fundidos. Una historia que expone la velocidad con la que el humano corre a descubrir nuevas ideas mientras mata su hogar. Una Tierra que ha llegado a su límite y donde sus habitantes explotan sus recursos, para, después, mendigar cualquier recurso que haya sobrevivido, llegando incluso a explorar otros lugares para seguir consumando su ansia de destrucción. Una historia muy intensa, distópica, con un claro mensaje pesimista hacia el futuro del planeta y su agotamiento.

La ciencia ficción es la literatura del cambio

Especulación sobre posibles acontecimientos en un marco imaginario. Fundamentos en base a las ciencias naturales, sociales o físicas. Narraciones que gira en entorno a la conquista del espacio o un planeta, viajes en naves, guerras entre razas, o invasión de ellas, a la Tierra. La ciencia ficción es mucho más, pero lo indiscutible es que la ciencia ficción es la literatura del cambio.

Si algo destaca en esta colección de historias titulada La vida secreta de los bots y otros relatos es la variedad cultural y la diversidad de las autoras, pues encontramos escritoras de diferentes zonas del globo: Estados Unidos, India, el Caribe y Singapur. En referente a sus relatos, El obelisco marciano, de Linda Nagata, y La luna no es un campo de batalla, de Indrapramit Das, dominan la antología. En el primer relato, la autora nos cuenta cómo una arquitecta, en su máximo nivel laboral, se encarga de un proyecto desde la Tierra hacia Marte, con el objetivo de que la huella humana siga existiendo en el futuro, pero todas las simulaciones no soportan al planeta Marte, y que, finalmente, nos dejará un regusto amargo sobre el fin de crear grandes cosas en vez de trabajar las pequeñas. En el segundo relato, la historia se cuenta, básicamente, mediante una presentación entre personajes en diálogos, y está protagonizada por dos niñas que serán llevadas a la Luna para entrenarlas lleguen a ser soldados y poder defender con todo valor la República de la India, con una intención oculta antibélica.

Dos apuestas más para la reciente nueva colección breve de la editorial Gigamesh que dejan una buena variedad de narraciones para el gusto de cualquiera, tanto en la rama científica como en la fantástica.