«La casa al final de Needless Street» de Catriona Ward: horror gótico que te destrozará

Catriona Ward ganó el premio Horror August Derleth a Mejor Novela, y ”La Casa al Final de Needless Street” ya ha vendido sus derechos para su adaptación al cine.

Hoy es el aniversario de la Niña del Helado. Hace once años desapareció en el lago; estaba ahí y de repente ya no estaba. Parece que hay un asesino entre nosotros. En Needless Street vive Ted Bannerman con su gata Olivia, la que suele mirarle con sus ojos color verde amarillentos, mientras bebe latas de cerveza una tras otra, o apura la botella de bourbon. Ahora parece que la calle está en silencio, más que de costumbre, y eso es, cuanto menos, extraño, o no, porque es el aniversario de la desaparición de aquella niña que tan solo tenía seis años; le robaron la vida, y aún no saben quién es el culpable. Eso le revuelve el estómago a Ted, que no para de castañear los dientes a la vez que grita la palabra «verde».

Olivia parece estar muy ocupada lamiéndose las patitas, echando la siesta o correteando por la casa. Pero cuando Ted le necesita, ahí está ella. Gatita, gatita… Dispuesta a darle todos los mimos del mundo y a calmar sus enfados, o su borrachera. Qué menos podría hacer, si el mismísimo Señor le encomendó esa misión siendo bien claro: «amémonos unos a otros». Pobre gatita.

Dee contempla un sobre amarillo, del que parece que no hay más copias, y que podría ser la única oportunidad de descubrir qué pasó con la Niña del Helado. Se dirige a su coche, suelta el sobre en el asiento de copiloto, se pone en marcha y, cuando el pie deja de temblarle sobre el acelerador y consigue salir del bosque, pisa a fondo todo recto por la carretera. Estas cosas no deberían de pasar.

«Ya no tengo que buscar en mi corazón un amor que no puedo sentir.
Grité, y las lágrimas me quemaron los ojos».

Página 168

El pozo de los deseos

Nada más superar el segundo capítulo notamos algo sospechoso. Resulta que esta obra está contada mediante una narración poco fiable. Cada página, cada capítulo, es contradictoria, y te compromete con la duda. Lo más sorprendente es que no solo se rige por la primera persona, que ya de por sí es turbia, sino que añade, entre diálogos o mismas líneas de párrafos, una tercera persona que desconcierta, que crea inquietud, y sobre todo confusión; no vas a saber dónde estás en ningún momento porque los acontecimientos son breves y pronfundos, como el pozo de los deseos de Olivia.

Catriona Ward abre su texto con una falsa ilusión, creando un marco en el cual la narración toma el papel de personaje y narrador a la vez, dejando pistas y más pistas sobre su falta de fiabilidad. Te lleva de la mano con delicadeza y con perversidad hasta la mitad del libro, anteponiendo un final sorpresivo, obligándote a reconsiderar toda la película que te has montado. Lo mágico de su estilo es que, aún soltándote el misterio, no está del todo revelado el final. Así qué, ¿qué debería creer o interpretar el lector llegados a este punto?

La casa al final de Needless Street es una historia que te desgarrará. Una historia que esconde una terrible belleza emocional tan delirante que, en más de un tramo, se te van a poner los pelitos como escarpias. No es difícil notar que la autora está caracterizando la ambientación con fanfarronería, sin exagerar una disociación post-traumática, despersonalizando la gravedad de los actos que ejerce el protagonista. Entre líneas juega con la verdad, con una aparente madurez que tan solo se tergiversa a sí misma. ¡Qué nervios mirar a la oscuridad directamente!

«¿Cuántas veces se puede doblar alguien antes de romperse para siempre?
Hay que tener cuidado cuando se trata con cosas rotas. A veces ceden y rompen otras».

página 226

Todos los monstruos tienen una historia

Dice Catriona Ward en The Guardian que los lectores y escritores de terror y suspense disfrutan de la reciprocidad entre ambos, como si jugasen al tenis, y no puede definir mejor esta novela: te lanza pistas, las devuelves resolutivas, te las da de vuelta con más preguntas, y cuando crees que tienes la victoria… Prepárate para la caída, para leer sobre una aparente capa de calma.

La casa al final de Needless Street empieza siendo un thriller que poco a poco se va convirtiendo en ficción gótica. Este horror se estiliza por una casa podedumbre junto al bosque y cercana al río que alberga secretos, por la desaparición de niños que nunca se encuentran, y porque no hay un orden cronológico lineal. Catriona Ward nos presenta a Teddy, un niño solitario que ha conocido qué es el dolor de perder y abandonar algo que quieres con todo tu corazón demasiado pronto, para más tarde vivir con su hija y su gata, todavía sintiéndose solo. Esta gata, Olivia, tiene sus propios capítulos, y menos mal, porque serán nuestro momento de paz, de respirar de la trama angustiosa, y percibir un poco de ironía y humor, mientras vamos conociendo más sobre la casa y sobre Ted. Una novela que tiene la narración fracturada, que teje la supervivencia como propia protagonista, dándonos una ligera idea de cómo sería sentir irregularidades por un trastorno de estrés postraumático.

Parece que la autora tiene claro que no tememos a los monstruos, sino a convertirnos en ellos, por lo que evocar esa reacción de empatía hacia el monstruo es lo que nos provocará el horror. Y desde luego que aquí, en La casa al final de Needless Street, está claro que todos los monstruos tienen una historia, y que sí que es justamente esa empatía y miedo a ser como ellos lo que nos inquieta.

Su segunda novela, Little Eve, ganó el premio Shirley Jackson, y más tarde el August Derleth de los British Fantasy Awards en 2019, este último también obtenido en 2016 por Rawblood, su primera novela.

La casa al final de Needless Street

Runas (Alianza editorial), 2021

Traducción de Cristina Macía

Revisión del texto de Antonio Torrubia