«El problema de la paz» (La era de la locura II/III), de Joe Abercrombie

Hablamos de cómo Joe Abercrombie teje una fantasía con un sistema socio-económico mediante el uso del factory system, el capitalismo y la alegoría de la cuestión social en «El problema de la paz».

Un poco de odio (pincha para leer la reseña) presentó un nuevo elenco de personajes protagonistas y secundarios, heredero de los frutos de La primera ley, La mejor venganza y Los héroes. Una nueva generación que está envenenada por la envidia, el orgullo, los rencores y la ambición. Tras los episodios del volumen anterior, El problema de la paz comienza con el mar en calma; parece que las protestas y la desconfianza con el Norte siguen calmadas mientras que el rey de La Unión busca respuestas. El Gran Lobo piensa cómo actuar para romper la tregua y poder avanzar hacia el sur y tomar venganza en pos de su ansia de guerra. Rikke ha perdido el control y necesita encontrar alguna solución para controlar el Ojo Largo, pues pronto llegará su momento de gloria. El Joven León arde en deseos por combatir, aunque su dolor físico no le deja muchas más opciones que tener paciencia a la vez que cabila cómo llevar a cabo su próxima hazaña heroica. Orso ha dejado su indiferencia de enfrentarse a la vida siendo más realista, astuto y entregado a la causa que le concierne, a ser todo aquello que su madre tanto quiso para él, aunque lo ha aprendido a base de golpes. El Consejo Abierto sigue guerreando con el Consejo Cerrado a la vez que la Corona no sabe en quiénes puede confiar.

Dividido en tres partes, El problema de la paz tiene un desarrollo de la trama en la que encontramos diversos hilos argumentales que poco a poco se irán entremezclando y haciendo avanzar la narración, con un gran uso de diálogos, los cuales cambiarán el rumbo de los hechos sin abusar de descripciones. Los personajes interaccionan entre sí para hacer evolucionar el mundo, para solucionar problemas y crear tantos otros a la vez que Joe Abercrombie nos muestra todas las fragilidades y fortalezas de todos y cada uno de los personajes que recorren un mundo de locura.

Calder, el hijo menor de Bethod, que conocimos en Filos mortales en el relato Creando un monstruo, sigue lleno de carisma y astucia mientras las semillas de la Batalla de Osrung (Los héroes) siguen germinando. Su papel en esta novela sigue siendo la táctica, la intuición, buscar opciones para derribar al enemigo mediante el uso de la palabra y la razón, si es que es posible teniendo un pequeño desastre por hijo. Stour Ocaso, el joven lobo, la esperanza para mantener al Norte a salvo, no hace más que joderla con su delirio ambicioso por ser el mejor guerrero de todo el Círculo del Mundo.

El Factory System: capitalismo y ambición en Angland

En El problema de la paz el suceso del Factory System hace dar el paso hacia una economía de carácter urbano, mecanizada e industrializada, dejando atrás ese entorno rural de anteriores libros. En este aspecto, Savine dan Glokta marca un punto de inflexión en la historia de La era de la locura, influyendo y modificando en la vida cotidiana de los mayores productores con el objetivo de invertir para multiplicar las ganancias según se va restando mano de obra y se van añadiendo más y más fábricas para disminuir el tiempo de producción. Por primera vez, la sociedad de este mundo ve cómo sus vidas caen hacia la pobreza, cómo el único crecimiento real es el del capitalismo y la ambición de los grandes inversores en Angland es lo único que crece.

La expansión del comercio es un objetivo claro en El problema de la paz. Todavía usando la tracción animal en sus carros para transportar productos, se combina con la venta por mar, usando estos barcos para exportar más rápidamente toda la mercancía de las maquinarias textiles así como la extracción del carbón en las minas. Es decir que, gracias a la ambición de Savine dan Glokta, vemos muchos elementos, como la invención del canal, reflejados en esta obra, incluso llegando a ver un rastro de la introducción del transporte ferroviario, que ya os digo que no acaba nada bien, con una escena digna de pertenecer a El último argumento de los reyes (La primera ley, volumen tres). Además, la peor parte se la lleva la naturaleza; sufre un deterioro, degradación y explotación irracional que supera a la propia Madre Tierra; ciudades absorbidas por el humo, carreteras llenas de basura, ríos con aguas putrefactas, gente llena de tizne y ceniza… Mientras las inquietudes políticas están en auge debido al próximo problema de los ciudadanos más pobres y su mala calidad de vida.

Pintura al óleo de 1801 de Philip James.
Representación del movimiento industrial acorde a El problema de la paz.

El Cuarto Estado, la fuerza de trabajo y la alegoría de la cuestión social en El problema de la paz

Toda evolución tiene su remanente opuesto. El desarrollo industria da lugar al «Cuarto Estado», formado por grupos de las clases sociales bajas que son lideradas por el proletariado, formándose la unión entre trabajadores industriales, campesinos pobres y familias que están cansadas de malvivir por cuatro monedas de mal gusto. A su vez se ve cómo la burguesía, dueña y poseedora de la producción y el capital como nadie, se encabrita con los bajos fondos e intenta paliar el descontento con medidas y normas más duras y tajantes, creando un descontento en la fuerza del trabajo, desarrollando problemas laborales y en producción, protestas populares y nuevas ideologías en el movimiento obrero, donde demandan más atención y mejora de condiciones mediante el anarquismo o el sindicalismo.

Llegados a este punto te sonará todo esto a aquellas revoluciones industriales. Joe Abercrombie teje una historia de fantasía llena de política social basándose en ellas. A lo largo de la trama es más que evidente la crítica y el enfoque hacia un sistema socioeconómico liberal con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de la clase obrera. Esta alegoría de la cuestión social es un utensilio usado por Joe Abercrombie con una técnica realista para abrirse paso a una idea y cuestión necesarias presente a día de hoy.

Pintura al óleo de 1875 de Adolph von Menzel.
Interior de una fábrica con sus trabajadores al calor.
Un proletariado urbano que sufría jornadas de trabajo intensas; mujeres, niños y hombres
unidos por conseguir un salario miserable.
Para poder vivir miserablemente.

¡Por La Unión! ¡Por el rey!

La figura del caballo a galope con ojos salvajes, los generales y sus campañas militares de un imperio en expansión, las tropas de soldados llenas de miedo y pasión. Gente corriente que se convierte en portadora de armas y que, al final, son los grandes héroes. La Unión está sufriendo y necesita sus mejores defensas para poder afrontar lo que se viene. Ninguna alianza dura para siempre y, los soldados, con sus espadas en alto, galoparán contra su propio bando, si así lo dicta el éxtasis bélico. Por el rey; y por la codicia.

Joe Abercrombie no busca la gloria y el ensalzamiento del ejército, sino que quiere exponer el realismo de antes, durante y después de la batalla, llenando los escenarios de sangre, de derrota, de armas, de cascos ahuecados. No escribe para exponer la gloria de la guerra, y, citando a la pintora inglesa Elizabeth Thompson, «sino para retratar su patetismo y heroísmo». Rompe con los estereotipos del género y una vez más la guerra es la gran protagonista, la que tiene vida propia; nuevos reclutamientos, preparación del terreno, enfrentamientos que desembocarán en sangre y agonía.

Pintura al óleo de 1881 de Elisabeth Thompson.
Galopando hacia el campo de batalla.
La era de la locura II/III
Runas (Alianza editorial), 2021
Edición en tapa dura con sobrecubierta
Traducción de Manu Viciano
Revisión de galeradas por Antonio Torrubia (El librero del Mal)